martes, 22 de enero de 2013

LOS JUGUETES ORDENADOS




Idea y enseñanza principal


Una historia comprensible y divertida para explicar a los niños la importancia del orden respecto a sus juguetes y el cuidado de las cosas



Érase una vez un niño que cambió de casa y al llegar a su nueva habitación vió que estaba llena de juguetes, cuentos, libros, lápices... todos perfectamente ordenados. Ese día jugó todo lo que quiso, pero se acostó sin haberlos recogido.
Misteriosamente, a la mañana siguiente todos los juguetes aparecieron ordenados y en sus sitios correspondientes. Estaba seguro de que nadie había entrado en su habitación, aunque el niño no le dio importancia. Y ocurrió lo mismo ese día y al otro, pero al cuarto día, cuando se disponía a coger el primer juguete, éste saltó de su alcance y dijo "¡No quiero jugar contigo!". El niño creía estar alucinado, pero pasó lo mismo con cada juguete que intentó tocar, hasta que finalmente uno de los juguetes, un viejo osito de peluche, dijo: "¿Por qué te sorprende que no queramos jugar contigo? Siempre nos dejas muy lejos de nuestro sitio especial, que es donde estamos más cómodos y más a gustito ¿sabes lo difícil que es para los libros subir a las estanterías, o para los lápices saltar al bote? ¡Y no tienes ni idea de lo incómodo y frío que es el suelo! No jugaremos contigo hasta que prometas dejarnos en nuestras casitas antes de dormir"
El niño recordó lo a gustito que se estaba en su camita, y lo incómodo que había estado una vez que se quedó dormido en una silla. Entonces se dio cuenta de lo mal que había tratado a sus amigos los juguetes, así que les pidió perdón y desde aquel día siempre acostó a sus juguetes en sus sitios favoritos antes de dormir.

Autor.. Pedro Pablo Sacristan

martes, 25 de diciembre de 2012

CLARA Y EL BELÉN DE NAVIDAD





Idea y enseñanza principal


Un cuento de Navidad sobre la humildad



Clara era toda una artista con los belenes de Navidad. Durante todo el año preparaba bocetos, materiales y personajes para que al llegar la siguiente Navidad su nacimiento fuera aún mejor que el del año anterior.
Y el año en que cumplía los 10 años, pensando en aquello que cantaban los ángeles del Señor “Gloria a Dios en las alturas...” preparó el belén más precioso que uno pudiera imaginar. Diseño y fabricó unos maravillosos trajes para la Virgen María y San José, y una mantita bordada con hilo dorado para el Niño Jesús. Decoró el establo con pequeñas joyas tomadas de sus pendientes y anillos, y rodeó el pesebre de las miniaturas más bellas que encontró. Hasta las figuritas de los soldados de Herodes eran sombrías y malvadas, tanto como humildes las de los pastores. Posiblemente, no hubiera habido antes un belén tan bonito y cuidado. Era tan especial y único, que había sido propuesto para varios premios, incluido el gran premio nacional al mejor belén.
Pero precisamente la mañana en que los jueces debían visitarlo, Carla descubrió al levantarse la peor de las tragedias: su obra maestra ¡estaba totalmente destrozada! Y cuando la sangre le subía por las mejillas y en su garganta nacía un grito de furia, Cuca, su hermana pequeña, se acercó a su lado, tiró de su camisón, y dijo toda sonriente:
- ¿Te guzta máz azí? ¡Lo he puezto preciozííízímo! Cuca ayudá Clara.
¿Cómo gritar al angelito de Cuca, tan bonita ella, que sólo había querido ayudar un poco? Clara miró lo que quedaba de su belén: los vestidos de la Sagrada Familia adornaban de cualquier forma a unos pastores y su oveja; la preciosa manta estaba a los pies de la viejecita del río; las plumas del pesebre flotaban por todas partes; torpes y divertidas caras de payaso eran ahora el rostro de los malvados soldados, y el grupo de pastores que dormía al raso se veía embadurnado de chocolate, en las más acrobáticas posturas que los pegajosos dedos de Cuca, llenos de saliva y golosinas, habían permitido; incluso las pequeñas joyas y miniaturas de Clara estaban esparcidas aquí y allá: decorando una casucha, en el bolsillo de una lavandera, o en la olla de comida junto al fuego. Y grandes y brillantes pegotes de color cubrían los montes y el cielo de aquella Judea destrozada por la ingenuidad de Cuca.
Dos grandes lágrimas rodaron en silencio por las mejillas de Clara, sabiendo que ya nada se podía hacer. Y allí se quedó, llorando, y pidiendo perdón a ese Niño al que tanto quería y por el que tanto se había preocupado. Pero entonces, al caer sus primeras lágrimas sobre el Niño, vio cómo este saltaba contento a atraparlas. Después le guiñó un ojo, sopló sobre sus lágrimas y las lanzó de regreso a sus ojos, antes de volver inmóvil a su sitio en el pesebre.
Y en sus ojos, aquellas lágrimas tocadas por el Niño Dios fueron como unas lentillas que le mostraron todo tal y como era en realidad. Y comprendió que ni el Niño ni su familia querían los lujos ni las joyas, ni la tristeza de los hombres, ni la oscuridad en el corazón de los malvados, ni un mundo triste y sin color. Y que precisamente por eso había venido al mundo.
Y sin dudarlo, y con una gran sonrisa de alegría, tomó en brazos a Cuca, le dio el más largo y sonoro beso y dijo:
- ¡Claro que sí, Cuca! Así está muchísimo mejor.
Autor.. Pedro Pablo Sacristan